En oscuridad plena, una nebulosa de pasos marchan al compás, invaden nuestro alrededor y no podemos distinguir de donde provienen: Hemos quedado en medio de Diálogos de Carmelitas; un montaje de Teatro UCAB de la obra escrita por Georges Bernanos.Muchos han sido los comentarios que esta obra ha generado dentro del campus universitario, entre los que se cuentan su larga duración, algo más de tres horas, que exigió de parte del público la inmersión absoluta en la puesta de escena, para conseguir disfrutar de su esencia. De igual forma su colosal elenco, sesenta integrantes aproximadamente, y la caracterización de cada uno de ellos que hizo conocer desde el Marqués de la Force hasta una masa nauseabunda llamada pueblo.
Diálogos de Carmelitas relata la experiencia de martirio de las dieciséis hermanas Carmelitas de Compiégne que murieron guillotinadas por ser acusadas de fanatismo por miembros de la revolución francesa. Esta puesta en escena está cargada de crítica social, de reflejos de la realidad que evidencian las inconsistencias de los sistemas políticos y su vulnerabilidad ante los avatares de la vida: cómo el poder de la monarquía francesa se derrumba y con ella un pilar fundamental para su mantenimiento: La Iglesia.
De telón está la fe de estas mujeres, que hicieron de la crisis de una institución, que ante muchos era el triunfo aplastante de la razón sobre la religión, la consumación de un acto de fidelidad al inmolarse confiadas en su ideal de vida: consagrarse a Dios a costa de lo que sea.
Cuando asistimos a la obra Diálogos de Carmelitas, parece que encendiéramos nuestro televisor y viéramos una crónica del país: Clases enfrentadas, desprecio mutuo, pugna de poder, pocas opciones, mucha fe. Cada az de luz, cada pómulo ruborizado, cada ademán, cada melodía, pero especialmente cada palabra nos recuerda lo susceptible que somos a acostumbrarnos a que la muerte más allá de ser parte de la vida es el arma que esgrimen unos contra otros para enarbolar los vestigios de “La revolución”, sin importar de que lado esté la revolución.
En el montaje de esta pieza se hizo uso de la ausencia de luz, del maquillaje burlesco de unos rostros en contraposición con la austeridad reflejada por otros, del vaivén entre lo caricaturesco y lo real, por una finalidad ulterior: poder plasmar, en la mente del público expectante, la naturaleza contrastante de la vida, que requiere de un alto grado de tolerancia por parte de todos los que dentro de ella coexisten.
Cada giro del relato nos hace preguntarnos ¿Cuán monarquía hemos sido al permanecer inmutables ante las miserias de nuestra nación? ¿Qué nos ha movido a ser un pueblo suplicante que ha transformado sus aspiraciones en una mueca de venganza? ¿En qué está puesta nuestra fe?
Este argumento fue confirmado por Virginia Aponte, directora de Teatro UCAB, al concluir la presentación. Elenco y público se unen en un solo aplauso y la serena voz de la sra. Virginia corta el aire sentenciando que Diálogos de Carmelitas simplemente es una muestra de la intolerancia que puede apoderarse de los pueblos, un vacío de nuestra humanidad.
Diálogos de Carmelitas relata la experiencia de martirio de las dieciséis hermanas Carmelitas de Compiégne que murieron guillotinadas por ser acusadas de fanatismo por miembros de la revolución francesa. Esta puesta en escena está cargada de crítica social, de reflejos de la realidad que evidencian las inconsistencias de los sistemas políticos y su vulnerabilidad ante los avatares de la vida: cómo el poder de la monarquía francesa se derrumba y con ella un pilar fundamental para su mantenimiento: La Iglesia.
De telón está la fe de estas mujeres, que hicieron de la crisis de una institución, que ante muchos era el triunfo aplastante de la razón sobre la religión, la consumación de un acto de fidelidad al inmolarse confiadas en su ideal de vida: consagrarse a Dios a costa de lo que sea.
Cuando asistimos a la obra Diálogos de Carmelitas, parece que encendiéramos nuestro televisor y viéramos una crónica del país: Clases enfrentadas, desprecio mutuo, pugna de poder, pocas opciones, mucha fe. Cada az de luz, cada pómulo ruborizado, cada ademán, cada melodía, pero especialmente cada palabra nos recuerda lo susceptible que somos a acostumbrarnos a que la muerte más allá de ser parte de la vida es el arma que esgrimen unos contra otros para enarbolar los vestigios de “La revolución”, sin importar de que lado esté la revolución.
En el montaje de esta pieza se hizo uso de la ausencia de luz, del maquillaje burlesco de unos rostros en contraposición con la austeridad reflejada por otros, del vaivén entre lo caricaturesco y lo real, por una finalidad ulterior: poder plasmar, en la mente del público expectante, la naturaleza contrastante de la vida, que requiere de un alto grado de tolerancia por parte de todos los que dentro de ella coexisten.
Cada giro del relato nos hace preguntarnos ¿Cuán monarquía hemos sido al permanecer inmutables ante las miserias de nuestra nación? ¿Qué nos ha movido a ser un pueblo suplicante que ha transformado sus aspiraciones en una mueca de venganza? ¿En qué está puesta nuestra fe?
Este argumento fue confirmado por Virginia Aponte, directora de Teatro UCAB, al concluir la presentación. Elenco y público se unen en un solo aplauso y la serena voz de la sra. Virginia corta el aire sentenciando que Diálogos de Carmelitas simplemente es una muestra de la intolerancia que puede apoderarse de los pueblos, un vacío de nuestra humanidad.

